"mariposa, tu eres el alma de los guerreros..."

martes, 17 de mayo de 2011

Habitantes de una casa Deshabitada


La casa deshabitada es un lugar lúgubre, sucio y oscuro con un olor antiguo y un aire denso en su interior, hay muebles roídos, grietas en cada esquina e incesantes crujidos que chocan con el silencio. Pero aunque esta casa parece un triste lugar donde nadie se atrevería a entrar, en realidad está llena de vida, pues la habitan unos personajes muy peculiares.
Doña Pelusa era madre soltera de 25 pelusines pues Don Peluso había decidido pasarse toda la vida entablando conversaciones y todo aquello que se terciase con las sensuales pelusas conocidas como las de la mala vida que trabajaban en la famosa “Escoba usada”.
Doña pelusa compartía penas y glorias, más a menudo penas, con su delicada amiga Tela de Araña. Tela era la empleada explotada de Viuda Negra una araña que debido a su enorme fortuna resultado de las pensiones de viudedad, se había dado aires de grandeza y humillaba día tras día a la pobre Tela.
Tanto Doña Pelusa como Tela de Araña  se habían conocido en las terapias de grupo que impartía el siempre comprometido Pelo de Rata para curarse de su adicción a los ácaros. Las pobres habían pasado por mucho, y soportaban muchas presiones. Ambas paraban por el famoso tugurio “Hoyo de ratón” y se invitaron la una a la otra a múltiples rondas de ácaros. Por suerte ambas habían superado esa época pero aún debían acudir a las terapias.

Doña Pelusa comenzaba a atravesar un buen momento ya que había llegado la primavera y como cada año el distinguido Señor Polen vino de visita, el era hombre de mundo y de clase alta pues se había criado en un enorme chopo, a diferencia de Doña Pelusa que provenía del polvo acumulado de una grieta, pero a pesar de sus diferencias el Señor Polen siempre había tratado con mucho respeto y afecto a Doña Pelusa, compartían aficiones, entre ellas provocar estornudos a la gente. En su primera cita el señor Polen llevó a Doña Pelusa a la nariz de un grupo de adolescentes que pasaron la noche en tiendas de campaña aledañas a la casa.
Doña Pelusa estaba profundamente enamorada de él, pero su relación era muy complicada ya que por negocios el señor Polen viajaba el resto del año.

Todos vivían en armonía, y a veces caos, en esta casa de madera, cercana a un bosque, que quedó deshabitada hacía ya 19 años. Durante estos años la casa se había ido llenando de estos pequeños habitantes tan singulares.
 A pesar de sus problemas cotidianos, para todos ellos, esa casa era un lugar perfecto, pues no temían ser barridos, aspirados, fregados, ventilados o desinfectados.

Pero todo eso pronto acabaría… Una lluviosa mañana la joven Gotera, pues contaba solo con dos semanas de vida, desde la última tormenta de Abril,  madrugó más que de costumbre y pudo divisar desde el tejado como se acercaban un matrimonio con un niño pequeño y un gato de angora marrón, acompañados por un hombre alto y pálido vestido con un traje azul marino que repetía una y otra vez “esta es la casa de sus sueños, solo hay que adecentarla”.  Goterita, que así le llamaban con cariño, tuvo tiempo de avisar a todo el mundo que corrían desconcertados hacía el rincón más aproximado.
La  puerta chirrió con fuerza. Tela de Araña abrazaba a Doña pelusa que protegía a sus 25 pelusines aterrados.
 Los pasos de aquellas personas hacían temblar toda la casa. Cientos de motas de polvo temblaron  y huían despavoridas.
-Nos la quedamos- dijo entusiasmado el que parecía ser el padre de la familia.
 Así descubrieron que aquellas personas tenían intención de habitar la casa y lo que era aún más catastrófico, iban a limpiarla!!

Y así pasó el tiempo, hicieron limpieza, y fue difícil esconderse. Algunos consiguieron ir escondiéndose porque por suerte la casa era muy grande y aunque estas personas iban bastante despacio a la hora de limpiar, aun así muchos fueron cayendo…
 Pelo de Rata fue barrido indiscriminadamente, la “Escoba Usada” fue quemada con todos dentro. Doña pelusa que siempre guardaba irá hacia las pelusas de mala vida, sintió una profunda tristeza y pena por ellas.
Su amiga  Tela de araña fue cruelmente desinfectada con un gas que tampoco resistió Viuda Negra.  Su cadáver duró dos días en el suelo hasta que lo limpiaron. La perdida de Tela fue un golpe duro para Doña pelusa.
Goterita desapareció sin dejar rastro, nadie volvió a saber nada de ella.

El señor Polen que había salido con unos amigos de un chopo cercano,  entró en la casa y se encontró con la dantesca situación. Voló angustiado a buscar a Doña pelusa y la encontró en una diminuta grieta en el trastero de la casa, tiritando y famélica junto a sus pelusines.
 El señor Polen dijo que había que hacer algo, no podían quedarse de brazos cruzados y tras abrazar a Doña Pelusa salió inmediatamente con la intención de luchar contra el enemigo, él era un Polen muy valiente…

Se dispuso a atacar y formó un pequeño ejército con ayuda de los motas de Polvo mas corpulentos y densos, incluso Don Peluso se unió a la rebelión.

Una noche mientras la familia dormía y  ayudados por una pequeña ráfaga de aire que entraba por una rendija de la ventana, se unieron en una vorágine de polvo y polen atacando al matrimonio. Estos comenzaron a estornudar y toser sin parar durante toda la noche, los ojos les lloraban, no daban abasto con los pañuelos.
Al día siguiente no paraban de quejarse sobre la mala noche que habían pasado.

Los primeros habitantes fueron a celebrarlo a “Hoyo de Ratón”.
Pero de repente oyeron un ruido, algo que vibraba venía de la cocina. Cuando el Señor Polen y otros Pelusos se dirigieron a comprobar que era aquello se encontraron con un fuerte purificador de aire que les fue absorbiendo poco a poco, algunos consiguieron huir pero se toparon con un ventilador que les conducía al húmedo purificador y así fueron todos poco a poco ventilados y purificados…

Doña Pelusa lo presenció todo desde su escondite aterrada, hasta que ya no hubo mas forma de esconderse y evitar el final. Aquella enorme máquina demoledora y atronador que ya había acabado con la existencia de tantos se dirigía sin freno hacia sus pelusines en la planta de arriba, ella los miraba desde abajo. Intentó coger una ráfaga de aire que le condujese hasta ellos, pero era un día tranquilo, ni una leve brisa corría. Doña pelusa se estremeció y el pánico y la angustia le invadió, y sin poder hacer nada, sus pelusines, fueron vilmente aspirados.

 Aquello era un exterminio sin remedio, Doña Pelusa se había quedado sola llorando por todo aquello que amaba, toda su vida se había convertido en la nada, una limpia y reluciente nada.
 Agazapada y triste se escondía en “Hoyo de Ratón” hasta que un día escuchó el sonido de unas patitas dirigirse hacia ella, ya no le importaba lo que ocurriese, no le quedaba nada y entonces sin más dilación fue engullida  por el gran gato que con sus zarpazos consiguió arrastrarla hacia sus fauces.

 Los invasores atacaron sin avisar, sin piedad, indiscriminadamente, arrasaron todo, eran un rival demasiado fuerte limpio y sano. Conquistaron el hogar,  una vez más el pez grande se comió al chico, y lo que para unos era una nueva vida mejor, para otros supuso el final de su existencia.