"mariposa, tu eres el alma de los guerreros..."

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Prefiero ahogar los suspiros de los tiempos felices entre mis propias manos, ser la culpable yo misma, antes que dejar que la maquinaria sucia e infernal de la ciudad los despiece para venderlos al mejor postor.

Pecaré de reservada y no vendo ni la desdicha de mis lunes.
Mi tímida intimidad tiene excusa para no ser juzgada y es que cuando escondes un tesoro no entregas el mapa a cualquiera, solo los piratas más valientes son capaces de navegar en la tormenta  porque solo ellos saben que un barco hundido tiene una hermosura tan abismal como una isla sin explorar.

En el umbral de mis misterios hay dudas impidiendo el paso al viento
Me he visto metida en una guerra poniendo bombas para encontrar la paz en un desierto silencioso y me he mirado extraña frente a un oasis de ficciones mediocres.

Sentirme vulgar y saberlo me salva abriendo huecos en el  laberinto envenenado que me rodea.
Prefiero la espiral de mis y sus delirios que el camino recto por donde caminan las ovejas.

Cada nueva poseía es una muerte sin rencores ni remordimientos y en su cementerio las plañideras lloran la sangre de los versos más combativos.

¿Dónde venden poemas felices? Están escondidos en el sinsentido de la ignorancia donde se destruye la pureza de la escarcha que me protege del humo que queda tras la gasolina del mundo.

Me escapo a rescatar colores en la utopía que cargó las armas en las luchas de aquellos que sangraron por la libertad.
El guerrero ha de luchar, y el poeta recoge su sangre para que su tinta se convierta en palabras afiladas.

Echo de menos los segundos en que no deseo clavarles los colmillos de mis utopías a los carroñeros de esta jungla contaminada.
Mis bofetadas las reservo para los que encierran a sus pájaros alimentándoles con el alpiste de la comodidad.

Aún confío en que quede alguien capaz de lamer poesías y me desafíe a escribir versos en el asfalto de la Gran vía.
Ahora que llega el frío pienso en las putas que regalan calor a aquellos que apilan huérfanas caricias por veinte pavos,
Debería valer millones calentar corazones solitarios que huyen del frío de la humanidad, joder que frío hace.

Las luces de la navidad han salido hoy para encender la tristeza, haciendo muy presente en el sofá de algunos, el hueco que deja al sentarse la soledad. Estás luces no dan calor, hielan.

No le quitéis la D a Madrid, el Dolor forma parte de esta ciudad, como las estrellas escondidas, somos indignos de su luz tanto como culpables del dolor de aquellos que levantan trincheras de cartones en la guerra más cruel, la de luchar contra el frío sin un planto caliente entre sus manos. Siempre me abrasa su frío cuando la ventisca helada congela esta ciudad….hoy pienso en ellos y no puedo mirarme al espejo.

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