"mariposa, tu eres el alma de los guerreros..."

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Removiendo antiguos callejones dentro de un café

Por estas calles cadentes de emoción
Se esconden los ecos de victoria y rendición.

Conduzco por inercia casi sin levantar la frente
Fluyo extraña entre los rumores de esta gente.

Recuerdo aquellos momentos que mientras duraban eran eternos
Cuando comenzamos a arrancar la ignorancia de los cuadernos.
Hoy sus protagonistas son solo fotos difusas de un ayer
Jirones color sepia que cayeron como el atardecer.
Aquellos con los que hablaba de revolución
Hoy son frías sombras de un pasado del que solo suena una canción
Algunos de los que anhelaban un mundo mejor
Hoy se rindieron y mueren las mariposas de algún soñador.

Las luces de esta ciudad guardan celosas los abismos que me esperan
Donde cayeron canutos que nunca imaginé que hoy en mis pulmones ardieran.

Dentro de una taza de café remuevo el pasado
Tantos vendieron ideales por un cubata trasnochado...
Y “salir beber el rollo de siempre” sonó demasiado
Pero yo aún “quiero escuchar una canción
Que no hable de sandeces y que diga que no sobra el amor”
Porque “entre los dedos se me escapa volando una flor”

Sigo sin ser una patriota convencida
Nunca he sentido que eso a mi marioneta diese vida
Y si me quejo ¿me llamas intolerante?
No te atrevas, ya vi oscuridad en tus pupilas ignorantes
Si patriota es que me duela menos el dolor de ojos extranjeros
Acúsame sin dudarlo de traición, son mis pies inquietos viajeros.

No se si es bueno o malo no haber cambiado
Algunos pensarán que soy un charco estancado
Pero respiro aliviada al saber que no fue verdad eso que me advirtieron
Porque los pájaros de mi cabeza parece que nunca se fueron, es más, crecieron
y hoy quiero tatuarlos sobre mis brazos que con mi roja sangre ardieron
Aletean en mis venas
Corroen oxidando mis cadenas.

Nunca he buscado alabanzas, ni aplausos
Ni premios, ni que nadie siga mis pasos
Hoy los galardones no suponen una mierda
Le dan el Nóbel de la paz al que en Palestina hace temblar las piernas

Pero si mi discurso te suena radical
Aunque no me falten ganas, aún no prendí fuego a ninguna catedral.
Nunca he buscado sentirme simplemente normal
Sencilla y sin ambiciones,
Sigo vibrando con las mismas canciones
Seguiré acusando a los asesinos cabrones,
Seguiré husmeando versos entre estos callejones

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