"mariposa, tu eres el alma de los guerreros..."

martes, 28 de febrero de 2012

no lo quiero saber.


En vasos de plástico me salvé
En cartones de vino se ruborizó mi piel
Mi risa oculta los tréboles que no encontré
Menos mal que aprendí que todo no tiene un por que
Y si lo tiene yo no lo quiero saber
Palabras tachadas adornan mi papel
Escribo con la caligrafía que antaño desgasté.
Donde duermen corderos me despierto con café
La primavera se adelanta y yo aún no me preparé
Menos mal que las canciones guardan el ayer.
La melodía dibuja lo que un día tararee
Pican las costras porque a eso les enseñé
Ya no me encojo cuando los tanques nos vienen a ver
Siempre será mío el día en que de las fronteras escapé
Y en el rincón de la poesía mil mariposas solté
La que digan que tengo que ser, no la quiero conocer
 

domingo, 26 de febrero de 2012

gatos


Solo creo en lo que me late
Se me cruza un gato negro sigiloso
No parecen asustarle mis focos
Descarado se detiene haciendo añicos mis sofocos
Y me mira
Y el mundo no parece tener ruido
Todo es sigilo
Todo parece en vano
Todo sobra, nada importa
Solo mi mirada se cruza con el gato negro que detiene el mundo
Y sigue caminando

Un coche de la guarda civil parece esperarme
La oscuridad lo envuelve pero está vacío
Vacío como el mundo
Vacío como la noche donde me descubro
Pero el mundo suena a desierto
Y paso de largo.

Otro gato esperando
Otro gato cruzando
Otro silencia silbando
Otro atardecer muriendo
Otra noche embrujando
En palestina los gatos eran guardianes
la mirada de la noche durante el día.
 
Muchos gatos callejeros dominan el mundo ahora
No existe el tiempo en el tic tac de las horas.

La luna es una línea sonriendo
Me guiña un ojo la estrella polar que un día me hizo temblar
El asfalto es el agujero donde vamos cayendo.

Los gatos sobreviven al recuerdo.

sábado, 25 de febrero de 2012

Carta a Palestina

Palestina no he venido a salvarte
Quizás, tampoco a luchar por ti
Palestina no he venido por ti
Vine por mí, pero me vuelvo contigo
Palestina no eres más que un pueblo sencillo
Palestina has puesto bandera a mis estribillos
Has dado sangre a estos latidos
Y me siento egoísta, he ido a exprimir tu sonrisa
Para bordar los retales que guardan mis camisas
Tu bandera es diferente, no representan una patria
Representan la vida, un sueño sin cerrar los ojos
Las fronteras son irrisorias cuando sonríen
Se intuye música tras sus aromas.
Los asentamientos judíos traen el frío
Las alambradas rasgando la esperanza
El tabaco sabe afrutado y dulce
Y me dejo enamorar por un concepto
Me dejo estremecer entre sus brazos
Me dejo un pedazo de corazón en Palestina.

Caos hermoso en sus calles. No encuentro sombras de soledad
Todos los rincones tienen su hueco
Palestina que puedo yo darte, tan vacía yo.
Tantos olivos ardiendo.
Restos de alguna bomba, el humo lo nubla todo
Pero Palestina siempre guarda un sol que duerme en Jerusalén
Contemplándolo a lo lejos desde un mirador, Si su Dios bajase se sentiría abrumado,
Un atardecer que cobra vida en el mar muerto
Palestina un bote achicando odio. Pero se hunde. Duele
Palestina viendo tus niños libres, es obvia la lucha
Están vigilando, vigilando cuantas veces sonría Palestina
Cuantos poemas agitando mis cortinas
Palestina no es un país, son las mariposas volando entre la lluvia
Palestina es una flor que sigue oliendo aún marchita
Palestina con tus manos vacías has llenado mi nada
La flor de loto navengando hermosa entre el lodo.
Mi flor de loto arde en mi espalda, encontró su porque en Palestina,
Palestina , Nablus, Hebron, Ramala, Belén, Jerico, Jenin,
mi cosquilleo por volver.

marioneta sin alambres


Hoy se me volvió a romper el pecho
Son lágrimas el gotelé que cuelga de mi techo
Una tregua del invierno es un rincón donde se cuelan los recuerdos
Escribí poemas rotos con ausencias de cuadernos
Me gusta que un verso termine con un “no volveremos a vernos”
Un final dramático rompe en lágrimas cualquier infierno,
Y las mejores historias arden y son ceniza en el invierno.

Aún somos títeres que muerden sus hilos
Nuestras piernas tienen escrito este oscuro camino
pero estamos rompiendo las cuerdas con sigilo
Hazme danzar sobre un disco de vinilo
mueve mis hilos sobre el filo del cuchillo
Pero no gires mi cabeza donde otros mueren en el olvido
quiero ser la marioneta libre de mi rebelde cohibido.

Tatuaré mariposas sin rumbo en las líneas de mis manos
Pájaros volando me recuerdan que no queremos ser esclavos
Madrid limpia con rabia la muerte en sus lavabos
Donde las paredes guardan corazones pintados
El principio del verano son martillos golpeando clavos.
Y los que estuvimos ayer hoy no se donde escapamos

Terrible represión deshaciendo espinas en las rosas
Ya no encuentro rebeldía ardiendo entre alguna prosa
Falsas revoluciones,
Ya no "traen un mundo nuevo en sus corazones"
Cuantos acordes detenidos por las palabras de sus canciones.
Somos cobardes cuando nos conformamos con migajas de sensaciones

En el rincón donde no me asusta que me miren
Invito a mis enemigos peores a que se suiciden
Entre ellos descubro este sol punzante
Que me mira soberbio amenazante
Dejando transparentes mis refugios delirantes
Así es de entender que la luna me parezca más amable
Respeta mis rarezas y mis sombras inconfesables
A veces soy una marioneta que no se sostiene en los alambres
A veces soy la primera en la lista de cobardes.
Pero el admitirlo quizás permita que me salve.

Manejarán mis extremidades asesinos y deidades
pero los latidos de mi poesía, aunque rídicula, jamás será dueña de nadie
El telón de este teatro interpreta lo que nadie sabe.


jueves, 23 de febrero de 2012

VIaje Solidario a Palestina


Viaje a Palestina
 

Israel es una gran potencia  y como tal  cuenta entre sus aliados con EEUU. Eso deja a Palestina en una situación de precariedad y abandono desde el punto de vista internacional, ya no solo porque sus recursos sean más que escasos e inservibles para hacer frente a un gigante como Israel, sino porque esta condición hace que para el resto del mundo Palestina sea un pueblo “inventado” como asegura el sionismo, por el que la comunidad internacional no tiene ningún interés, aún siendo una de las poblaciones con mayor infancia del planeta y donde más se vulneran los derechos de estos.
Es patético escuchar como la ONU denuncia timidamente la violación de los derechos humanos en palestina, cuando es una de las principales responsables de esta situación de genocidio. Denuncia el robo de tierras, pero cada día se roban más, denuncia la tortura a niños en las cárceles, pero cada día se detienen y torturan más niños que van al colegio, construye escuelas, eso sí, pero si Israel las bombardea no hay represalia ninguna. Si Palestina bombardease un colegio de Israel, no como daño colateral, sino como objetivo, cosa que el gobierno israelí hace a menudo, las bombas de la OTAN no dejarían a un palestino vivo.

Es fácil criminalizar al mundo árabe o acusarles de terrorismo pero esta manipulación y los intereses económicos lleva a plantearse hasta que punto al mundo occidental y el imperialismo de EEUU le conviene mantener esta relación entre mundo islámico y terrorismo. Así, es fácil entender como Washington hace lo posible por impedir una negociación entre Israel y Palestina. Israel es el aliado número uno ya que tiene el poder y la responsabilidad de frenar el mundo árabe antimperialista, que hoy por hoy es una de las principales amenazas para Occidente. Y no solo porque, como se encargan de venderlos, sean unos terroristas fanáticos, sino porque les mueve algo más que el poder económico, les mueve la fé, la convicción y el compromiso con la causa, y eso es algo con lo que Occidente no cuenta si no hay capital de por medio.

Israel acusa a los palestinos de educar a sus hijos en el odio, que les convierte en radicales, y por eso niños recurren a la lucha armadas. El sionismo usa este argumento tan pobre para justificar la masacre  y falta de libertad a la que somete a niños en Palestina, especialmente Gaza. Es muy cobarde cargar la culpa al niño que lanza una piedra a un tanque porque ha visto bombardear su casa o matar a su familia. Es triste negar la infancia a un menor y luego culparle por no comportarse como un niño.
Crear la necesidad, el dolor y el sufrimiento y luego acusar de radical al que pretende evitarlo merece como mínimo una pequeña reflexión sobre quien es el verdadero radical o terrorista. Lo que ocurre en Palestina es un genocidio desproporcionado, un holocausto, si se prefiere este término para causar impacto, porque, ellos se llaman colonos, pero, a pesar de la dureza de término, como ya dijo Teresa Aranguren, no se trata de colonización ni de dominación de un pueblo bajo sus directrices, no es eso lo que quiere Israel, Israel pretende negar la existencia de Palestina en la historia, pretende elliminar a su pueblo, pretende exterminarlo por completo. Que los palestinos, o el guetto de Gaza no salga en la filmografía de Hollwood no quiere decir que no estén sufriendo un auténtico holocausto sionista, un holocausto que supera en cifras al holocausto vivido por los judios con el nazismo. Ejemplo más del poder de la manipulación mediática, es genocidio lo que EEUU quiere que veamos como genocidio.


Viaje a Cisjordania

Es fácil sentirse libre, pero no se puede saber lo que realmente esconde este sentimiento si antes no se ha sufrido la negación a serlo.

Entonces viene a mí aquella dependencia del aeropuerto de Ben Gurion en Tel aviv,  tras nuestro viaje a territorios ocupados de Palestina, donde la mediocridad y vulgaridad que trasciende en mis días se puso colorada ante la certeza de lo insignificante y falso que es ese sentimiento de libertad del que tanto he hablado:
Un segundo dura el momento en el que pasas de ser tratado como un ciudadano a ser tratado como terrorista, despojándote de la dignidad y los derechos que caen como los pantalones que te piden que te bajes para registrarte tras haber indagando entre tu ropa y tus cosas.

Israel considera a Palestina territorio terrorista, y temblando en esa sala fría del aeropuerto soy consciente de lo ligero que es para ellos hacer este juicio y de lo eficaz que resulta la política del miedo. EEUU, supongo, que ha sido un buen maestro y el término terrorismo se ha convertido en un filón para desmontar el mundo a su antojo sin crítica posible, por que en fin, ¿quién va a quejarse de un bombardeo si es contra “terroristas”? aunque estos tenga 12 años y su acto fuera acudir a la escuela.
Renunciar a nuestros derechos como ciudadanos libres parece incluso que compensa si el argumento es la lucha contra el terrorismo. En teoría ellos nos protegen de esta amenaza harto explotada, pero mi duda con los pantalones bajados en el aeropuerto de Tel Aviv es, y de ellos ¿quién me protege ahora?

El interrogatorio se convierte en un dedo acusador, unos mapas y unos kuffiyas (pañuelos típicos palestinos que representan la insurgencia y la lucha)  se transforman en mi cabeza y en su intolerancia represora, en armas, en una amenaza. Me lo creo, y ellos más.
                                                                                                                               
Como en el experimento de la cárcel de Stanford, la presión psicológica nos domina y asumimos el rol de sumisión, convencidos de haber hecho algo verdaderamente ilegal. El acusador se transforma en control de la situación y, en definitiva, en poder. El poder que reside en el que domina. Una joven mucho más bajita que yo se vuelve un gigante. Ambas asumimos nuestro papel en este teatro de títeres manejados por una maquinaria superior. Cuando esta empieza a flaquear, y continúan pasando las horas allí atrapada, entra otra mujer, mucho más intimidante, y mientras te pregunta si tienes bombas te pide que te sigas desnudando. Yo tiemblo, y ella se crece.

Cuando confirman que no somos peligrosos, y tras quedarse mi maleta, argumentando motivos de seguridad, vuelta la calma, incluso risas y sarcasmos. Para nosotros, solo una experiencia, para los palestinos, la cotidianeidad, el día a día de lo que supone no ser libre y no contar con derechos.
 El avión despega.

 Y vuelve a mí la reflexión sobre la libertad… o la ausencia de la misma.

Nos hemos creído y tomado ese descafeinado con la intención de despertarnos y activarnos, y le echamos azúcar para adornar la farsa. Así es la libertad del mundo occidental. Nos proclamamos muy libres hasta que descubrimos que con un simple chasquido de dedos se derrumba el castillo de arena. Esta reflexión, este desencanto de mundo, este pesimismo crítico que deja la estela del conocer, de quitarse la venda, se hizo muy presente en este viaje a Palestina.
A veces ser libre es tan inmenso o sencillo, según en que lado del muro de Cisjordania, estés, como reclamar tu derecho a existir, a ser, a estar, sin más.

A veces no tener libertad son esas restricciones que afectan a los imponderables de la vida real, a veces es que cada noche te corten la luz mientras estás leyendo un libro, porque Israel tiene el control eléctrico y se encarga de avisar cada noche que ahí está vigilando y controlando.  A veces es que un recorrido de 5 minutos se convierta en una hora porque los Check Points cortan sus pasos habituales obligándoles a dar un rodeo. A veces es bajarse de un autobús para cruzar de un pueblo a otro para enseñar tu documentación a dos críos judíos que no se preocupan por esconder su escopeta por muchos niños que halla a su alrededor, o que en el parque donde juegan tus hijos paseen soldados armados…

A veces falta de libertad no es que bombardeen tu casa, y cuando la reconstruyen la vuelvan a bombardear, ni que maten en una manifestación a tu hermano, ni que tu hijo sea disparado mientras está en la escuela, ni que construyan casas enemigas donde tu antes tenías tierras, con piscinas mientras piensas que pueden cortar tu suministro de agua, ni que encierren en la cárcel a niños de 13 años a los que sólo les espera el futuro de un arma, niños que pueden pasar años en la cárcel,  donde ls interrogan y les torturan y cuando salen parecen ancianos de 18 años, ni que profanen aquello que rige tu vida, ni que un muro te impida ver las montañas y el color del atardecer en Palestina. Eso no es solo falta de libertad, es falta de vida, de derecho a vivir.


Caminando por las calles de Nablus descubro cómo los niños son el sonido de esta ciudad, que huele a café y especias, y los escombros de la guerra se transforman en una oportunidad de juego. Las explanadas huecas que deja tras de sí el bombardeo son un terreno virgen donde los niños meten su mano para jugar con una paradójica libertad y tranquilidad que han perdido muchas de las calles del mundo occidental acobardado por su miedo. ¿Quién es más libre? Estos niños no necesitan parques acolchados, ni juguetes si quiera.
Me confieso sorprendida cuando las mujeres nos cogen las manos para mostrarnos, en sus baños públicos donde acuden a tratamientos de belleza y relajación,  su más absoluta intimidad, con una sonrisa y predisposición, una falta de tapujos y de vergüenzas que ya la quisieran las mujeres “modernas” occidentales. Nos hacen participes de la vida palestina, entre el calor de su denso y fuerte café. Es el primer día, todo lo comparo con ¿mi mundo?

La iluminación suave de las casas que flanquean el monte de la ciudad, traen serenidad, la serenidad del que espera. Son mucho más cálidas que cualquier decoración navideña y tras esas vistas de los campos de refugiados Askar y Balata despedimos el año. En este campo de refugiados nos acoge la asociación Hewar que como la mayoría de las asociaciones de voluntarios de Palestina destina sus acciones a la infancia, a ofrecer espacios lúdicos y de aprendizaje para los niños tras su jornada escolar, todo para alejarles de la lucha armada a la que muchos se ven forzados por la represión y asedio judío. En Nablus también tenemos la oportunidad de conocer a la socióloga, periodista y miembro del Parlamento Palestino Nayat abu Baker. Con la imagen de la Mezquita de Jerusalén de fondo nos dice que “los palestinos no odian a Israel, odian la ocupación”.
Familias del campo de refugiados nos invitan a comer uno de sus platos típicos. Aparece frente a nosotros un enorme plato de pollo humeante con especias, frutos secos, pan de pita y muchas más cosas que desconozco. Por supuesto hay que remangarse bien para comerlo con las manos. Ellos solo usan la mano izquierda para comer.

Por las carreteras para ir a visitar Jenin entre risas nerviosas descubro que estas personas lo más cerca que están de ser terroristas es desafiando  las curvas en la carretera, con el pie, que parece que les pesa más al tocar el acelerador.
Jenin nos recibe con la escultura de un burro hecho con los pedazos de las ambulancias que atendieron a las víctimas del bombardeo israelí. No quedan ruinas pues el pueblo está reconstruido con la condición de dejar las avenidas suficientemente anchas como para que puedan entrar los tanques judíos. Un estado de alarma permanente. Las ruinas del bombardeo se van, el miedo se mantiene y quedan historias de jóvenes muertos, aquellos a los que los palestinos llaman mártires, que no son más que niños que cogen demasiado pronto un fusil, síntoma del odio que les han brindando, productos de una guerra que ellos no empezaron.
Un joven nos enseña imágenes de la segunda Intifada tras el bombardeo en Jenin, imágenes de su hermano fallecido durante los enfrentamientos con las tropas judías. Me desconcierta el orgullo  palestino por estas muertes, la frialdad con la que nos enseñan sus fotos, pero entonces recuerdo que mi mirada aquí quizás no tiene cabida. Es fácil juzgar para el occidental que se cree libre, para aquel nunca ha tenido el valor de admitir ser esclavo.  ¿Terrorismo, violencia, radicalismo? ¿Alguien tendría valor de hablarles a los palestinos de la alternativa de la lucha pacífica sin avergonzarse? Y recuerdo esa frase: “no odiamos a Israel, odiamos la ocupación.” La violencia aquí no es por odio, la insurgencia responde a una situación de injusticia, defenderse de tanques nunca fue fácil para una población en desventaja. Están protegiendo su vida, luchando por no desaparecer, y cuando eso ocurre, la lucha armada no es que se justifique, es que se hace imprescindible.

Los campos de olivos, fuente modesta de riqueza Palestina y símbolo de la paz, se enfrentan al muro de Bilin lugar donde los activistas plantan cara tras la alambrada al apartheid de Israel que se mantiene vigilante desde las torres de control del muro.  Hay restos de bombas de humo y gas a los pies de la alambrada que dvide Cisjordania. Kilómetros de muro recortando Palestina. Los palestinos saben como es la imagen de una frontera, saben que las fronteras son creaciones humanas de hormigón. Lo saben muy bien. Este muro es el doble de alto y largo que le muro de Berlín, pero evidentemente del que más hemos oído hablar es del segundo, como no.

Tras visitar la tumba de Arafat,  Ibrahim, un niño con gesto serio y sereno toca la guitarra en el campo de refugiados de Aljalazon en Ramallah. Pertenece a la organización Chilhood Cultural Center y Women Activities Center, cuyas acciones son velar por la infancia del campo de refugiados.  En ocasiones han podido organizar campamentos de Verano en España y dar la oportunidad a los niños palestinos a viajar. Así aprendió Ibrahim a tocar la guitarra.  Hace mucho frío y la lluvia recorre las calles sucias, en ruinas de este campo asediado por los asentamientos judíos que les rodean como el cazador que espera paciente.  Se pueden ver en puntos estratégicos flanqueando algunas colinas.

Nos cuentan cómo en una ocasión los soldados israelíes dispararon a un colegio del campo de refugiados y el frío se vuelve un actor secundario. El té caliente no sirve. Ser escéptica quizás me salve y pienso que con suerte no sea verdad, quizás ser víctimas de la pena es su única alternativa para buscar ayuda, pero esto tampoco me consuela, además no me convezco. La cara de la mujer que perdió a su marido, habla por si sola.

Entre el humo de las sisas y el calor de la estufa me siento casi como en casa, un bar de Ramallah se convierte en el verdadero refugio de un campo de refugiados y quejarme por dormir una noche en el suelo le resulta insultante a mi corazón que desde que comenzó esta aventura palpita como hacía tiempo. A nuestro lado presos políticos liberados, algunos de ellos niños, niños que olvidaron hace mucho lo que es ser niño, niños que han pasado años en la cárcel. La autoridad Nacional Palestina, su representación de Gobierno, poco ayuda al pueblo palestino en lo que refiere a presos políticos palestinos. Como excepción en este bar, nos han dejado entrar a las mujeres, por supuesto ninguna palestina entre nosotras.  Se hace evidente que no están acostumbrados a que haya mujeres en este espacio, pero aún así nos tratan con esa cortesía que rebosa en palestina. Es una ofensa para el musulman no aceptar su generosidad,y así es dificil impedir que te inviten, te lleven, te traigan, te den lo que necesites. Es abrumador.
 
Las organizaciones de voluntarios con poca ayuda de las Naciones Unidas y con el apoyo de las asambleas populares de los campos de refugiados son los que luchan por ofrecer una vida digna a los niños y sus familias, quienes sin apenas ayuda logística ni profesional reconstruyen casas.

Los voluntarios nos llevan de un pueblo a otro en sus coches personales, o en sus taxis tapizados y recubiertos de mil adornos. Ir dejando atrás cada ciudad trae pequeñas nostalgias que se hacen eco en los viajes silenciosos.

Nos abrimos paso entre el bullicio de los mercados de Hebron. Una ciudad que aún siendo aplastada por el dominio judio, no han callado sus voces y no se conforman con sobrevivir. Ante la mirada constante del fusil reconstruyen la ciudad adornándola con el eco de todo aquello que perdieron. El Comité de Rehabilitación lucha desde 1996 por reconstruir la ciudad. Los puestos de control de Israel se instalan sobre antiguas escuelas, levantando muros en mitad de sus pequeños comercios, dividiendo la Mezquita de Abraham. La tumba de Abraham está cubierta de basura, que los sionistas arrojan para ofender al palestino creyente.
 Hebron queda dividido y desde una azotea del Comité de Rehabilitación observamos las calles de la zona judía vacías, un cementerio cobra demasiado protagonismo en medio de esa zona y un puesto de control judío sobre la colina mantiene la ciudad en tensión.
Visitamos el campo de Refugiados Al fawar donde mi cámara queda prendada de una niña palestina con un Abrigo Rojo.

Pienso en los portales de Belén que adornan muchas de las casas. ¿Dónde están los campos de refugiados? Aquí no hay visita de los reyes magos. El sonido de los cazas, que pasan a menudo y es ensordecedor, no sale en las historias sobre Belén, tampoco el muro de la vergüenza. Alambradas y hormigón dejan claro la intención de negociación y convivencia del pueblo judío. Pero una vez más, como las mejores poesías que nacen en tiempos de guerra, dibujos y frases abren ventanas a la libertad, los niños jugando a los pies del muro  en Belén, desafían el color gris con el que tratan de tapar su cielo azul. Conocemos la famosa Basílica de la Natividad, y paseamos por los mercados de Belén. El árbol de Navidad adornado en medio de la plaza de Belén nos devuelve al mundo occidental. Belén tiene una presencia turística más presente. Mientras que en Nablus la gente y los niños miraban nuestras cámaras con sorpresa, en Belén pasamos desapercibidos hasta que llegamos al campo de Refugiados alejado del centro de la ciudad.

Youssef ,voluntario , que minutos antes derrochaba humor al volante, se detiene a mirar el hueco que deja una casa bombardeada en el campo de Al Dheisheh. Los daños colaterales de la guerra vuelven frágiles los cimientos de los hogares contiguos. Les prohíben reconstruir aquellos edificios que han bombardeado, más si son familia de algún mártir. Pero nos volvemos a despertar a las 5 de la mañana con la llamada al rezo en el Centro Al phoenix, bombardeado en dos ocasiones, y reconstruido otras dos. Rendirse no parece una opción en Palestina. Las calles de Al Dehisheh recrean las pinturas de Bansky. En el centro de voluntarios Al Phoenix, conocemos a Issa Qaraqi, Ministro de asuntos de prisioneros y ex-detenidos de la ANP y nos cuenta las terribles condiciones con las que se encuentran los presos palestinos y las consecuencias psicosociales a las que tienen que hacer frente cuando son liberados. Nos habla de cómo les prohíben contar con sus símbolos religiosos durante el encarcelamiento, la falta de trato digno a la que se enfrentan cuando pasan días sin comer o les obligan a beber su propia orina.  Encarcelan mujeres embarazadas a las que no les ofrecen asistencia médica. Nos habla de un caso. Una mujer a punto de dar a luz cruzaba uno de los checkpoints en coche. Le obligaron a bajarse del coche, tuvo que esperar tanto tiempo a que los soldados de israel permitieran su paso que se vio obligada a dar a luz allí mismo. Después fue atendida por una ambulancia que llegó tiempo después. Nos cuentan el caso del soldado Israelí detenido en cárceles por Hamás. De cómo los medios internacionales se hicieron eco de este caso, mientras que a diario detienen a muchos palestinos. La mayoría de los voluntarios palestinos que conocemos han sido detenidos por su lucha activa contra la ocupación.

Los taxis alternando banderas palestinas con banderas del Barça o del Real Madrid, cosa que nos llama la atención,  quedan atrás en Jerusalén, donde me siento indigna de contemplar el hermoso brillo de la cúpula de la Mezquita de la Roca que no pueden disfrutar los palestinos.  La mezquita de Ala aqsa a un lado y la cúpula dorada al otro me recuerda cuando en coche los voluntarios palestinos se paraban en un mirador de la carretera a buscar el diminutos garbancito dorado a lo lejos. Ese pequeño destello era el brillo de la mezquita de la Roca tan sagrada para los palestinos y el mundo árabe en general. Entusiasmados vitorean cuando algún rayo de sol la iluminan y la encuentran desde tanta distancia. Se conforman con ese pequeño destello.

Entre los judíos ortodoxos no puedo evitar dejarme llevar por mi empatía  hacia Palestina, y hasta los niños judíos me parecen adultos fríos y extraños con sus trajes negros, caminando como fantasmas por el muro de las lamentaciones.
Vuelvo a sentirme una turista deslumbrada por la historia de Jerusalén, pero deseando volver a campo de refugiados. Aún me sorprende encontrar un control de seguridad que divide barrio musulmán y judío. Cristianos, judíos y musulmanes, la religión gobierna esta hermosa ciudad.  Jerusalén representa su estatus quo con una escalera atornillada en la basílica donde se cree que está enterrado Jesús. Con esto quieren representar que no pretenden que nada cambie.

El reencuentro con los voluntarios de Nablus, Fredy, Mahmud, Ali, etc , en Jerico nos da una tregua de frío. Es lo que llaman el microclima de Jericó. Me sobra el abrigo al conocer a las mujeres del campo Aqbat Jabber que con sus manos no solo cuidan de los niños de Jerico, cuidan de toda la ciudad con una sonrisa hermosa, reconstruyendo edificios, replantando olivos, ofreciendo actividades para niños , mujeres ancianos, adolescentes etc,  desterrando mitos sobre la fuerza de las mujeres musulmanas. No me sorprende el calor que desprende Jerico. Cuesta arriba por el Monte de la Tentación, el joven Alí hace gala de su fuerza física y  alardea de ser campeón de Natación Palestino y profesor de Educación Física en colegios. Los palestinos parecen tener tatuada la sonrisa constante.

A lo lejos vemos las orillas del Mar Muerto, un mar muerto tan cerca a un pueblo tan lleno de vida, Palestina. Y llega la despedida.

Palestina era en mi cabeza sinónimo de guerra, conflicto, lucha armada, terrorismo, bombas, intifadas, muerte… Todos esos aspectos que invaden los medios de comunicación, estas historias que acompañan nuestras sobremesas a diario, algo a lo que estamos acostumbrados e inmunizados, el día a día del telediario. Quizás por eso mi sorpresa reside en la otra cara de Palestina: la de la sonrisa; la de la infancia recorriendo sus calles, como si, paradójicamente, no hubiera nada que temer; la de los olivos adornando los campos; la del olor a especias gobernando los mercados de las ciudades; la de su humor, (los anarcados en palestina solo los deben tomar los hombres pues aumentan su virilidad...jaja); la de su generosidad; la de sus platos de comida rebosando; y sobre todo, la de un pueblo que no lucha por odio, lucha por vivir. Palestina, tan pequeña y tan gigante. Palestina para mí ya no es sólo un lugar de conflicto, son muchos  motivos, y cuando sobran los motivos ¿Cómo no van a luchar hasta con piedras?

martes, 21 de febrero de 2012

no sería yo


Échame de menos cuando me calle en este papel
Échame de menos cuando estando siempre esté
Échame de menos cuando no se irrite mi piel
Échame de menos cuando lo injusto no taladre mi sien
Échame de menos cuando me tache de su lista negra Israel

Por que esa ya no seré yo
Será otra la que bombee mi corazón

Échame de menos cuando gire la cabeza
Échame de menos cuando mire para otro lado en su tristeza
Échame de menos cuando no duela la pobreza
Échame de menos cuando no escriba sobre el ser humano y su flaqueza

Por que esa ya no seré yo
Será otra la que gobierne mi voz

Échame de menos cuando mis susurros dejen de gritar
Échame de menos cuando mi verde esperanza no brille al mirar
Échame de menos cuando no me quiera quejar

Porque esa ya no seré yo
Será otra la que tararee esta canción

Échame de menos cuando mi rabia insolente no me despierte
Échame de menos cuando mis puños cerrados se abran
Cuando lance bombas que no estallan
Échame de menos cuando parezca rutina el verte
Cuando no llore al final del día
Cuando no amenacen con la muerte estas mariposas suicidas
Cuando no haya poemas tras las batallas perdidas
Cuando la calle dejé de ser el hueco de mis huidas

Porque esa ya no seré yo
Será otra la que amanezca en tu colchón

Échame de menos cuando la duda deje de ser un placer
Échame de menos cuando el futuro comience a aparecer
Échame de menos cuando las promesas se apoderen del querer
Cuando no recargue mi fusil de mariposas guerreras
Cuando en mi jaula no ardan banderas
Cuando no llore al ver hundirse pateras
Cuando la poesía tenga forma de monedas

Porque esa ya no seré yo
Será otra, la que mate a mi rebelde soñador.

Échame de menos cuando el horizonte parezca tener final
Échame de menos cuando la peli tenga un alegre final
Échame de menos cuando el atardecer no parezca sangrar
Échame de menos cuando me sienta cómoda en el mundo normal
Cuando el cisne negro deje de ser hermoso
Cuando todos mis pájaros no vuelen por un otoño lluvioso
Cuando el estanque se seque y no me refleje en el fondo
Cuando se haga escombros el castillo de mis asombros
Cuando diga sin miedo todo aquello que escondo

Porque esa ya no seré yo
Será otra o me abre ido
A ese mundo que sueño que es mejor
Y lo que quede ya no seré yo.

lunes, 13 de febrero de 2012

La niña Palestina del Abrigo Rojo

Parada en una calle desierta
En una esquina de Palestina
En el refugio de una herida abierta
Tan pequeña, mirando a la nada
Tan estremecedor como el rocío de la madrugada
Su seriedad es el brillo del filo de una espada.

Recogiendo los susurros de los escombros
Camina por los ecos de su pasado
El peso de un futuro oscuro a sus hombros
Con la nostalgia de algún sueño aniquilado.

Parada en una calle tranquila
En un rincón de Palestina
Arrastrando su abriguito rojo
Vigilando nuestros pasos de reojo

Quizás siempre vigilante, su piel erizada
Parece estar parada mientras el mundo gira
Con el susurro de la muerte en su mirada
Más allá del horizonte sus ojos maduros miran
Hebron no olvida sus calles bombardeadas.

No existe un ápice de temor
No es esclava de nadie
Su abrigo rojo guarda su calor
La mujer que un día será depende de un futuro en el aire.

Obviando ansias fanáticas de poder
La más libre de un campo de refugiados
El recuerdo de los eternos olvidados
Los pulmones, que hicieron sordas las bombas, al nacer.
La ternura en una calle de Palestina
La puesta en evidencia de aquel que les domina

Tan dura como la corteza de un olivo
Tan frágil como sus ramas ardiendo
Tan triste como un rebelde cautivo
Tan esperanzadora como el sol amaneciendo
Tan hermosa como ver niños jugar sin miedo
Tan brillante como Jerusalén contra el cielo.

El corazón de Palestina brilla en el rojo de su abrigo
Ella lo agarra con fuerza,
Las banderas provocando al viento son testigos.

Tiene los pantalones manchados de tierra
La tierra de su pueblo,
Una mirada suya detendría mil guerras
Su cabello agarrado ansía alzar el vuelo
Como las familias de los mártires muertos.

Una de tantos niños palestinos
Corriendo por sus calles limpian los horrores del enemigo
Y es que no hay colono que ocupe un corazón así
Jamás habrá motivo para apuntar a un niño con fusil.

Hablarán  del “odio palestino”
Para no llorar cada anochecer
Por matar niños y cerrarles el camino
Aquellos que un día sufrieron hoy levantan muros al atardecer.

Verla caminar tranquila
Es el terrorismo del que habla Israel
Quizás un día le roben la infancia
Con las cadenas que amenazan su suave piel

Ella es el motivo y el fuego de la Intifada
Oír a un niño llorar en una cárcel
Justifica cualquier piedra lanzada
Ese es el gran crimen del gigante cruel,

Sus ojos mirando a la nada
Son la bomba que derribará el muro
Y en los dibujos que guarda
se escribe el sueño de un frágil futuro.

Tan pequeña como Cisjordania
Tan hermosa, imposible ignorarla
Si pasara por un chekpoint caminando
Se pararía el mundo que la está olvidando.

La niña palestina del abrigo rojo
No mira de frente a la cámara, mira de reojo
Porque la libertad la guarda en el brillo de sus ojos

Que al mundo también recuerde
a la niña Palestina del abrigo rojo.


por la cuerda, funambulista.


Cuantas canciones recogiendo pedazos
La ausencia de promesas nos mantiene a salvo
Pero el quizás siempre arde en los labios

Ya van unas cuantas batallas contra la soledad
Perdidas y ganadas, una guerra sin piedad.

La incertidumbre de algunos bombardeos sigue soltando humo
El alcohol sigue siendo un bálsamo despiadado donde esquivo el futuro.

El olor a una nueva estación siempre rompe la cuerda que nos sujeta
Y en las páginas de este cuaderno protege el otoño sus hojas secas,

Cambian las letras pero siempre son las mismas rimas
Se revolucionaron mis ojos al llegar a la cima de mis colinas.

Sangró mi apatía en algunos callejones
Aprendí a enamorarme escuchando canciones.
Miro al horizonte buscando nuevas revoluciones

Mi coche fue testigo de mis huidas
De mi libertad en escapadas fugitivas.

Las cicatrices de este mundo muerto pican
Pero mi rabia me lame y mis rimas se excitan
Lloro en las calles donde muchos tiritan.

En mi soledad hay una fiesta abarrotada de bailes que jamás saltaron a la pista
Camino encima de este desfile por mi cuerda de funambulista

Cuando me lancé al vacío me encontré
y en el hueco de lo que callo se erizó mi piel
Ahora no hay cadenas que retengan mis pies
me enamoré de la oscuridad desde mi mundo del revés.

lunes, 6 de febrero de 2012

parada frente a un semáforo

Ese sol parece una broma,
entre nubarrones negros.
Qué va a ser de mi, que va a ser de tí
cuando lleguen aqui.

En Irán estandartes de guerra
sus civiles ya tiemblan,
porque saben que solo ellos pagan,
saben quienes son los últimos en morir.

Y yo en este semáforo parada,
escuchándo este sólo lento de guitarra,

Las mujeres van caminando rápido,
los niños van al colegio,
los mismos que ayer en Siria sangraron.

En esta pesadilla estoy parada,
Tengo que echarme a un lado para escribir
sino arderé y seré cenizas cuando se ponga en verde.

Dos caballos al lado de la carretera,
quietos, replicando mi eterna pausa en el semáforo,
Miran la hierba verde, como yo mi semáforo rojo.
Ellos escuchan y su mirada detiene el mundo.

La carretera es una pista de despegue,
el derrape donde me vuelvo insignificante,
El atardecer besa las montañas con carmín
Y sueño que el mundo en guerra es un semáforo en rojo

El último tic tac suena como el gatillo de pistola
se vuelve verde el semáforo
y el mundo parece matarme
en un segundo comienza la guerra.

sábado, 4 de febrero de 2012

los intentos por tranformar la nada

Sin adornos, solo flotando
Sintiéndome nada entre el desorden
El cuerpo estático
El mundo barrido por un viento devastador
En mi refugio nada, nada.

Fuerzo un verso para sentir algo
Desidia, pereza, no son pecados
Es la certeza de la rutina
Un cuarto hecho añicos por mi dejadez
Silban los árboles, me están provocando
Si dejo abierta la ventana limpio este caos.

Que se lo lleve volando esta nada que lo desordena todo
Esta nada que forma montones
Y yo mirándola sin moverme
Con los párpados cansados,
Con el dolor de cabeza siempre a mi lado
El cuerpo entumecido de no sentir nada
De querer sentirlo todo,
de olvidar lo que soy y ser lo que olvido
Madura la noche en mi cuarto y se van abriendo mis ojos
Fuera parece que el invierno está en guerra
Yo escondida donde siempre me juzgo, donde me siento extraña
Pero a salvo,
a salvo de poses fingidas, de palabras sin nada que decir.
En la televisión un desfile de nada,
De muerte maquillada.

Mirar el frío desde la trinchera lo hace parecer hermoso
Pero sigo aquí encerrada
Rodeada de mil cosas llenas de nada
Flotando con el cuerpo muy pesado
Perdida en el laberinto de esta nada.

ecos de algunas resacas


Ya no repaso algunas calles
Pero las aceras aún guardan huellas
Escucho un eco que se repite
Siempre lo escucho
Lo que sé de mi es con lo que peleo
Y lo que no se es lo que me embruja y me seduce
Lo que guardo es lo que escribo
Pero no lo escribo, lo oculto, lo acaricio, respiro.

Hubo parques donde la luna parecía caerse
Hubo despedidas que aún se escriben en mi techo
Recuerdo cada brizna de hierba erizando mi piel
Hubo anocheceres que parecían amanecer en mis ojos
Siempre hay atardeceres en mis fracasos
Supe lo peor de mi el día que fui yo quien robó abril.

Me dirán amargada cuando rechisto
Si callo fluyo atascada, un fluir sin olas y me ahogo
Cuando los minutos esperaban mi primavera
Y el verano ardió en mis caderas
Me convertí la exclamación en la pregunta con miedo a responder

Recuerdo esas madrugadas despierta
Cuando el vacío me empujaba a su abismo
Me quería arrancar el corazón, odiaba mis ojos, mi piel, mi pelo, mi latir.
Pero ardía algo dentro de mí.
Recuerdo lo que fui, recuerdo cuando no sabía que era lo que brillaba en mis ojos
Hay una bifurcación en mi horizonte y el sol parece iluminarlo
Pero siempre prefiero la luna y esa es mi condena y mi hermosura.

Sonaron tambores en mi pecho
El sudor bautizó algunos rincones
El alcohol me hacía sentir calor,
Aún adivino melodías en los huecos de Madrid
Hay poesía siempre antes de dormir.

Soy el charco que queda tras la lluvia
La hoja perdida de un otoño
La duda en tu mirada de reojo
Pero jamás me acusarán de no oír mis latidos
Ya sabes que no me gusta ocultar mis gemidos.

Siempre soy la niña que no sabía encajar el puzzle
La que calla vendavales durante el huracán
La que en tu risa parece resucitar
Pero siempre hay una pesadilla vigilando al doblar el sueño
Se que a veces soy lo que no quieres ni ver
Pero en ningún lugar me veo más hermosa que en tus ojos.

Despego mil incógnitas en la suela de mis pasos
Pero siempre rescato versos de entre mis fracasos
Rompí promesas porque las odio
El presente es mi beso más intenso.
Y es que el futuro no sabe nada del sonido de mis latidos
No sabe nada de lo que escriben mis vuelcos.

Hay ratones hurgando en el porqué de mis resacas
Ellas también vomitan en mis ecos
Soy las ojeras de mis sonrisas.
Soy el sonido de lo que no he escuchado
Siempre volviendo la vista para escuchar mis ecos.

demasiado frío


Está desolado el recreo de las estrellas
Este frío desquebraja fronteras burlándose de ellas.

El manto helado es una tentativa a esnifar el polvo blanco de este invierno
Un pequeño rayo de luna nos recuerda que el sol guarda un amanecer tierno,
Los torbellinos de nieve mal tirada son un reto para las primaveras que me rompen el pecho
Ola de frío en Europa y siguen flotando sueños en el estrecho.

Hay una puta bandera enorme en la puerta de la guardia civil
Y tanta gente sin mantas mira de frente el rincón donde el frío les invita a morir
La ciudad les guarda un papel principal en esta noche helada
Ya quisieran ya, pasar desapercibidos, pero a diferencia de la gente, el hielo si les mira a la cara.

Las nubes guardan lo que no se atreven a contar al frío
Estamos helados y la tormenta aún si quiera ha empezado
Mi ropa congelada me está esperando tendida,
Sueño con que este hielo congele a los buitres del estado.
Las estrellas caen como estalactitas fundidas
Y las farolas nos hablan de la muerte en las esquinas.

Cuantas putas hoy son guerreras en esta batalla campal del invierno
Cuantos cartones son fronteras entre vida e infierno
Cuanta calefacción derrochando los secretos que nos enfrían
Pongo el telediario y se encabrita mi caballería.

La noche es eterna para aquellos que mueren congelados
En mis mejillas el frío habla de la debilidad del ser humano.

Suena Extremoduro, menos mal que Robe salvó mi adolescencia
La música y el frío es un peligro para mi reminiscencia.
Antiguas poesías me provocan entre transparencias.

Como es posible que la noche parezca el recreo de la soledad
Habrá tantas manos temblando en cada rincón de la ciudad
Tantos amantes desnudándose entre promesas disfrazando la sinceridad

Se desata una guerra entre el hielo de la indiferencia y el calor de la esperanza
La justicia tirita de frío y el bien y el mal ya pasa de balanzas
Sibería se pasea cortando el horizonte de mi mirada
Busco un hueco donde comience mi coartada.
A veces solo soy el producto de esta falsa democracia oxidada
Ya no se si a este país le quedan motivos
O es solo el dibujo en un mapa que un día tuvo sueños que hoy son cautivos
Ya no se si somos lo que un día soñamos que fuimos


Ojos que miran para otro lado,
Manos que se aprietan para aguantar su último aliento
Ya estamos, mis pájaros se han escapado
Estoy tranquila, les enseñé a volar con tiento

Mi insolencia, mi drama, mi canción repetida
Están muriendo entre unas manos que tiene la salida.

Nos mienten y somos muñequitos de trapo
Imagino sucias bocas cubiertas con esparadrapos
Caracoles crujientes pisoteados
Sin ganas de nada lloro por los olvidados