"mariposa, tu eres el alma de los guerreros..."

lunes, 2 de abril de 2012

Los terroristas son ellos




Como trabajadores, ciudadanos y personas tenemos un compromiso social, una responsabilidad de informar, concienciar a la clase popular desinformada y sensibilizar sobre las desigualdades y las injusticias, y eso es algo que todos podemos llevar a cabo. Todos podemos iniciar nuestras pequeñas revoluciones, podemos dar puntos de vista diferentes en nuestros círculos, dar pie a cuestionarnos lo que nos venden como verdad absoluta, provocar ese pensamiento crítico del que adolecen estas sociedades conformistas en las que si no me tocan lo mío no pasa nada, las del me informo lo justo, contrasto poco y me quedo con lo primero que las mass media me cuenta.
A veces basta con contrastar información, otras con dar el paso de ser el único que hace huelga en tu empresa para crear ejemplo al resto y demostrar que no tenemos que ceder a sus políticas del miedo y la coacción. Y es que no somos conscientes de como el miedo está acabando con muchos derechos sindicales por los que muchos incluso llegaron a morir, aquellos que no tuvieron miedo.El miedo es el responsable de que cada vez trabajemos más a cambio de menos.

En las escuelas se enseña a buscar la ambición, a destacar, a competir con el de al lado, a ser mejor y ganar más dinero que mi compañero. La cooperación no es un valor en alza, y el pensamiento crítico brilla por su ausencia. En todo caso se es solidario con lo políticamente correcto y con lo que queda bien de cara a la galeria. No te cuestiones demasiado porque si te cuestionas te alejas de esta imagen social del ciudadano ejemplar,  y no podrás acceder a un título que te otorgue una situación social envidiable y además no tendrás los aplausos y la palmadita en la espalda que todo el mundo mendiga.

Has de formar parte de la élite y por eso debes ceñirte al civismo y a aspirar a un chaletazo con piscina, una familia de niños guapísimos que algún día serán grandes empresarios y triunfadores y que ejercerán sus derecho como ciudadanos de ir a votar rigurosamente creyéndose que participan en la vida social. Si pueden, realizarán pequeñas donaciones periódicas a una ONG de quien sabe donde que ayuda a no se quien y que lucha por no se que. Y así nos convertimos en un ciudadano modelo y políticamente correcto digno de ser ejemplo y formar parte el ansiado “sueño americano”, que lee El País o el Mundo cada Domingo y se cree un intelectual. El problema no es esta forma de vida, sino el conformismo e indiferencia que conlleva. Cuanto más cómodo menos me importa el resto y la indiferencia es la enfermedad más mortal del planeta.

Este hombre ejemplar lee que en EEUU un hombre negro ha logrado dirigir el país y el mundo y cree que se está produciendo una transformación social. Pero este hombre desconoce que el color de la piel de un presidente no cambia su política y menos si hablamos de Norteamérica, por eso ignora que quien se proclama como un demócrata que lucha por la igualdad de oportunidades es quien respalda un sionismo radical en Palestina, por poner uno de muchos ejemplos.

Me imagino a los habitantes de la Franja de Gaza tras ver bombardeado un hospital, no por accidente, no…ni como daño colateral...no, sino porque era objetivo de unas tropas israelis apoyadas de manera incondicional por este gobierno liderado por un hombre, que, para muchos, representa la lucha social de los desfavorecidos, de aquellos que han sido oprimidos y al que, por supuesto, se le otorga el Nobel de la Paz simplemente por su color piel. No se si son deseos desmesurados de creernos a pies juntillas que de verdad la humanidad evoluciona a un mundo más justo, cuando es todo lo contrario, o pura hipocresía e ignorancia.

Esta demofalacia es el traje perfecto, un bonito disfraz para enmascarar como un imperio intenta colonizar el planeta y lo peor de todo no es que invadan el mundo con el respaldo de las Naciones Unidas, organismo que con el eslogan de velar por la seguridad y la paz entre países tolera y calla más de lo que defiende.  El problema es que disfrazan estas invasiones haciéndose pasar por el guerrero a caballo blanco que salva a la princesa de un castillo donde se esconde el malo malísimo. El malo malísimo, a poder ser, es un islamista radical al que sin duda, y todo el mundo dice “si guana”, llamamos terrorista con todas las de la ley. Y si la princesa no quiere ser “salvada” para convertirse en una occidental con mechas rubias, mandamos a unos señores trajeados de la CIA a convencerla o si no, amenazarla para que clame a gritos que llegue su príncipe azul. Lo que no le vamos a contar a la princesa es que una vez la rescatemos de su jaula se va a quedar tirada en medio del camino después de cumplir con algunos favores sexuales si es posible. La princesa se puede llamar Afganistán, Irak o Libia entre otros.

Con el mundo árabe hemos tenido la excusa perfecta del islamismo para vender una honrada y desinteresada lucha contra el terrorismo. Y nadie lo duda, mundo árabe son los malos y por eso duele menos que muera un niño en Afganistán, Irak o Palestina a manos de un soldado de EEUU que si lo hace un niño francés a manos de un islamista.. Además de que no son tan guapos como los niños de occidente viven en países donde la gente se inmola y eso nos parece verdaderamente atroz, mucho peor que financiar guerras proclamándonos perfecto demócratas, para proteger nuestro imperio, mucho peor que sangrar al tercer mundo condenándolo a la miseria y pobreza creyéndonos los salvadores del mundo porque somos demócratas y vivimos en un mundo libre, somos mucho mejores, porque hemos sabido explotar las materias primas de África, para proteger nuestros lujos, y hemos conseguido que la inanición sea un mal menor para que no perdamos nuestros privilegios y encima los medios de comunicación sacan imágenes de niños en Somalia con los vientres hinchados y decimos “que pena esto de Africa” cuando lo que da pena somos nosotros al mirarnos al espejo. ¿Qué Africa es el laboratorio humano más inmenso de la industria farmacéutica? Cuando haces comentarios como esto, el ciudadano cívico y ejemplar que lee el País o el Mundo te constesta con un “eso es demagogia” y cree sentirse mejor y menos responsable.
Somos mejores porque le vendemos a América latina la importancia de la evolución del pueblo para que se sientan integrados en el mundo tecnológico, porque somos así de buenos y desinteresados,  para luego condenarles a una deuda externa y eterna, una deuda que implica que ellos nunca tengan voz y voto, supeditados a esa deuda, a ese compromiso y a esa atadura con cadenas al imperio estadounidense. Y como nos deben tanto explotamos sus tierras, tierras que luego servirán para alimentar a las vacas del McDonalds, un lugar hermoso de recreo donde llevar a nuestros hijos a reir y disfrutar de una bonita tarde sábado. ¿Demagogia también no?

Pero está claro que los malos malísimos son aquellos que no sucumben a nuestra perfecta democracia, es más, la ponen en jaque y encima petulantes la cuestionan, nosotros que permitimos que la gente se enriquezca, que mantenemos su dinero seguro en los bancos, esas pobres entidades a las que desinteresadamente tenemos que rescatar, a las que concedemos todo nuestro patrimonio por poco que sea a las que nos atamos de por vida y si caen estamos dispuestos a bajarnos los pantalones, renunciamos a nuestros derechos,  y nos quedamos nosotros y nuestra familia en la calle sin nada por rescatarlos con el sudor de nuestra frente.

Nos sentimos bien, formamos parte del mundo libre, del primer mundo, ¡que orgullo!
 No llego a fin de mes, pero cuelgo una bandera española en mi coche, que tardaré una eternidad en pagar, porque estamos orgullosos de este país. No importa que mi sueldo sea el hazme reír de Europa, yo sigo votando al PP porque claro, son los que velan por nuestros intereses económicos, los que me aseguran una estabilidad financiera, los que me suben los impuestos y me recortan derechos sociales porque eso me beneficia y pensar lo contrario es de rojos con rabo y cuernos.  Además son muy comprometidos con esto, si hace falta apoyan guerras injustas, de nuevo contra terroristas malísimos y feos, para proporcionar un estatus y una posición competitiva a mi país y poder ir de la mano del gran imperio. Oh que honor, sigo currando de sol a sol por un mísero salario, pero que orgullo de país. Tengo que esperar colas durante horas para que atiendan a mis hijos en la seguridad social, y luego llevarles a un colegio que se cae a cachos y aunque no me llega para comprarles los libros de texto, no importa porque yo aspiro a ahorrar para llevarle a un colegio bilingüe de calidad para que mi hijo sea el Emilio Botín del mañana y si tiene que pasar por encima de sus compañeros para hacerlo yo lo apoyaré, que tenga ambiciones (ambiciones que se reducen a tener mucho dinero) y un título que colgar en la pared del salón junto al cuadro de José Tomás.  Y es que admitámoslo la Escuela pública es un desastre y no garantiza una buena educación y ¿de quien es culpa? ¿Del modelo educativo? ¿de las políticas que protegen al sistema financiero de gobierno antes que a la escuela pública para que todos tengan igualdad de oportunidades? No no no, es culpa de ¡¡los inmigrantes! que vienen a infectar nuestros colegios porque igual que sus padres huelen mal y tocan a nuestros hijos, por eso no pasa nada porque mi hijo de 10 años le diga moro de mierda a su compañero Mohammed, además… este seguro que ha venido en patera de un país de terroristas y machistas a robarnos el trabajo. Me hace especial gracia esto de robarnos el trabajo. Si robarnos el trabajo es decir a empresarios explotadores que se lucran de la necesidad de personas que vienen con una mano delante y otra detrás y que les someten a horarios desmesurados por sueldos por debajo del mínimo, si lo roban… Es como decir que te han robado un yugo que tenías en la espalda y quejarte por ello. Y encima la familia de Mohammed seguro que es machista porque aunque aquí el vecino le grita día sí y día también a su mujer y de vez en cuando se oyen golpes y llantos no es lo mismo, es que bebe mucho, porque está en el paro…el otro es que es moro y punto.

He aquí el perfecto obrero de derechas español, paleto, ignorante y encima orgulloso de serlo que habla como un dueño de banco cuando solo es un esclavo más de ellos y que cuando habla de Franco te suelta aquello de los pantanos. Ese que no ha leído a Miguel Hernández en su vida y que le dice a su hijo que la poesía y llorar es de maricones.

Tras todo esto luego se me acusará de antipatriota, de odiar España e incluso se me invitará a largarme de este país. Si me diese igual este país no lo criticaría, sino me importase ni me cuestionaría todo esto, pero me importa la gente que vive aquí, me por eso me duele que aquellos que solo piensan en el poder nos hagan creer que les importa España mientras condenan a su pueblo a la represión y los despojan de su dignidad y sus derechos sociales con recortes que solo afectan a los que más saben de estas calles, a los que más saben de nuestra historia, a los que más han luchado y vivido en este país, porque este país es su pueblo, los que los sufren y los que lo trabajan día a día. Así que si patriota es colgar la banderita dentro del coche, perfecto, para mi patriota es que te importe que en tu país sufran personas una desigualdad cada vez más extrema,  producto de la ignorancia e indiferencia social de esos patriotas de pecho hinchado que son tan idiotas que defienden fervientemente a quien les roba en su cara.

Luego esta el progre que se cree un revolucionario comprometido e intelectual que como su partido de toda la vida tiene la palabra socialista y obrero le sigue votando sin cuestionar la ética y cinismo de este término. Un partido cuya política se dirige a velar por los intereses de la clase obrera y de las políticas sociales que luego nos vende a la banca tanto como si fuera de la derecha, un partido que dice apoyar la causa Palestina mientras vende armas a Israel. Así es el PSOE, un partido supeditado al capital, y diréis, como todos, pero este, encima, se jacta del pueblo alzando el puño en alto y cantando la internacional como si la lucha obrera fuera su razón de ser. Un partido socialista que cuando ha promovido una reforma constitucional ha puesto al final de la lista de prioridades al pueblo y a los primeros beneficiaros la banca y los mercados. Porque ante todo tenemos que ser europeos y seguir formando parte de esta globalización. Globalización, algo muy bonito para unirnos a todos los europeos y permitirnos la libre circulación. La Globalización solo sirve para eliminar aranceles y poder competir libremente en el mercado, ah y convencernos de que el Euro ha sido un gran avance… Los puntos suspensivos a veces hablan solos.
Pero claro, el PSOE ha apoyado muchas causas sociales como la igualdad de los homosexuales, a los que también ha dejado vendidos a los bancos como al resto de españoles, hipotecados y en paro. Un partido que cuando ha tenido la oportunidad de desmarcarse y hacer honor a su nombre a agachado la cabeza sin quitarse la bandera del perfecto progre socialista que ve películas españolas de contenido social y las apoya y si la película trata sobre una familia desahuciada fijo que echan unas cuantas lágrimas pero a la hora de firmar la Dación en Pago cayo y hago como que no me enterado, “es que justo en ese momento entró un mapache en el congreso y….”
Los mismos que se deben a un pasado de reivindicación social pero cuando un pueblo entero de manera masiva llena las plazas del mundo manifestándose contra su política y su engaño dice “es muy respetable” pero vamos a hacer lo que nos de la real gana guste o no al pueblo. ¿Que respeto es ese? Y la soberanía popular que simboliza la democracia es un lugar donde se mean los gobiernos, como la papeleta que metemos en la urna y nos hace creer que nuestra opinión cuenta. Cuando actualmente menos del 50% de la población acude a las urnas y la gran mayoría la ostentan los inconformistas que no creen en un sistema bipartidista creado para que creamos que participamos pero que está muy bien atado para garantizar un gobierno que proteja el sistema.

Por eso me parece tan dañino el imbécil neonazi que camina por la autopista A-6 cada 20N escoltado por las fuerzas de inseguridad del estado, que el gobierno que lo tolera. O el socialista que se define como laico y republicano y le baila el agua a la monarquía española o permite que Madrid mueva Roma con Santiago para recibir a las Juventudes del Papa que ensucian las calles, se emborrachan y masifican el metro con descuentos en transporte, descuentos con los que no cuentan los trabajadores y estudiantes, pero la policía contra quien carga es contra los que no toleran esta manera de reírse en nuestra cara.

George Bush no trataba de ocultar que era un genocida imperialista cuya máxima era el sistema capitalista y proteger las corporaciones. Casi lo prefiero antes que un Obama, porque un Obama es una manipulación mediática, un filón para que las corporaciones sigan dominando el mundo a sus anchas de la misma manera que lo hacían con Bush, pero encima con más apoyo de la masa social desfavorecida que se compra camisetas con la cara de Mister Obama. Demuestra que se puede seguir haciendo una política radical capitalista y seguir dominando el mundo y encima parecer un salvador de los oprimidos. Si se puede si, es cuestión de saber hacer un buen marketing.

Pero el terrorista es el palestino que se inmola tras ver su casa y su familia arder bajo el bombardeo israelí, o el antisistema que quema un contenedor en una manifestación por los derechos sociales de su pueblo.

Yo no apoyo la violencia y ojalá no tuviera que usarse, pero no puedo olvidar las imágenes de jóvenes totalmente pacíficos, sentados en las plazas con pancartas, mientras las fuerzas de inseguridad aporreaban a personas desarmadas que se encogían en el suelo mientras recibían golpes.

Palestina me enseñó que no puedo juzgar al mártir  que coge un arma para luchar por un pueblo que no empezó una guerra, una hormiga lucha contra un gigante mordiendo donde puede y apenas deja herida pero no se rinde. Me imagino a los palestinos regalando flores a los soldados sionistas y reivindicando su lucha pacífica.

Como dije al principio no apoyo que se actúe amedrentando a las personas o los trabajadores, o el pequeño comercio, la violencia gratuita no es tolerable, y además debemos asumir nuestra responsabilidad social, todos podemos concienciar al de al lado o al menos darle la oportunidad de informarse y eso es nuestra tarea como pueblo, saber hacerlo, como clase trabajadora y como persona comprometida con esta lucha, tenemos ese deber y esa obligación y debemos empeñarnos en ello. Pero me niego a aceptar que se llame terrorismo al que lanza una piedra a un Starbucks y no se haga al que desde su despacho con calefacción sentado en sillón acolchado mientras una bonita secretaria le lleva el café coja el teléfono y de la orden de cargar contra un grupo de estudiantes menores de edad que se han unido para luchar por sus derechos, porque no solo quieren ser grandes empresarios, porque sin ser mayores de edad ya saben donde se cometen las injusticias, saben cuales son sus derechos y los de su compañero de al lado.

La violencia que se ejerce desde arriba, sin pisar la calle, desde los altares, esa es siempre y será despreciable.
La que surge de la desesperación, del pánico a perderlo todo, del miedo al futuro que dejamos a nuestro hijos, esa violencia no se puede juzgar en la misma balanza, por eso me niego a llamar terrorista al palestino que lanza una piedra…

Por eso, me quito la venda, por eso cuestiono y no tolero, por eso digo sin ningún miedo que los terroristas son ellos.







No hay comentarios:

Publicar un comentario