"mariposa, tu eres el alma de los guerreros..."

sábado, 1 de junio de 2013

aspereza, dulzura y resistencia





No hicieron ruido las últimas lágrimas,
pues había un charco seduciendo a mis ánimas
una condena que parece eterna
bombardeando millones de casas.
Es curioso,
Las casas derruidas me mantienen en pie
Los escombros me enseñan lo que se ha de construir
Las fuerzas vencidas son escuela para evitar caer
Miro el adiós que no te dí
Susurro en las noches que no me quieren oír
Me hago fuerte en la desesperación del que nace para morir

Pueblos arrasados muriendo en tantos charcos
regueros alimentados por la falta de sabernos esclavos
por la falta de mirarnos…
por tantos momentos de manos que no se encontraron
cruzándose en la ciudad de los derrotados
creyendo que caminan sin ver sus pies ya enterrados
y te miran raro…
si alzas la vista al horizonte quemado
que está ardiendo ahora
como cada hora.

Cuerpos de niños hambrientos se desploman
sujetos en las manos de los mismos que los ahogan
y se atreven a acariciarlos…
y se atreven a besarlos…
tantos cuerpos enterrados
tantos muros levantados
y otros derribados

Yo me ahogo en el asfalto
hace días que no camino despacio
pues voy con prisa a la paz de tus manos
que no venden suavidad pero si descanso,
que hurgan curiosas por mis desacatos
y tus ojos mientras hablo
se retuercen por mis encantos desencantados
y te me quedas mirando
muy callado, casi congelado
y con un  sonrisa te disculpas por no haberme escuchado
porque en mi charco te estabas bañando
y sales empapado,
tu sonrisa me enseña como en mis rarezas andabas chapoteando
arrojándote a mis labios
y suenan tus gemidos
como  las esposas de un preso encarcelado
que caen haciendo mucho ruido
en un silencio que se jacta anodino,
pero suena atronador el aire cuando un preso es liberado.
No es fácil sentir tus manos
En este camino donde te arañan mil látigos
En esa rutina que encallece tus manos,
su aspereza acariciando mis piernas
me recuerda los pueblos donde solo nacen hijos de la guerra
pero donde más natural huele la tierra,
niños condenados a morir
pero que no dejan jamás de sonreir,
escuela innata del verbo resistir.

Tu aspereza tan despacio por mi cuerpo
se vuelve suave y da motivos para no renunciar al fuego
el fuego que caliente mis huesos muertos
que incendie los papeles donde firman los cuervos
que suene la chispa de un futuro insurrecto
cuela tu mano por mi cuerpo
donde pone que no es lo correcto
cárgate los lindes que acotan momentos
que este es el nuestro
el de tus ojos llegándome tan adentro
el de los explotados renunciando al destierro
saliendo del quebranto del espejo
sobran infancias negadas por cerdos
sobran riquezas entonando lamentos,
llega el momento
de luchar y acuchillar a nuestros dueños
el de mirar juntos como vienen los truenos
de burlarnos de lo eterno
de detener mis agotados jadeos
en el calor de tu aliento.

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