"mariposa, tu eres el alma de los guerreros..."

lunes, 8 de diciembre de 2014

el derecho a ser madre...¿y el resto de derechos?



Proteger el derecho a ser madre... proteger la vida, términos intocables, derechos que arañan nuestra emotividad, nuestros sentimientos de amor  más puro...  Suponemos que es fácil hablar del derecho a la vida si no se especifica qué modo de vida, porque vidas, desde luego hay muchas. Está la vida del que es multado por buscar comida en la basura, está la vida de la familia que escucha al otro lado de la puerta como alguien la aporrea para echarlos de la que ha sido su casa, está  la vida de los que se atreven a mirarse al espejo tras aporrear a su puerta y se creen los cuerpos de seguridad, de nuevo un término estupendo, seguridad... al igual que el término vida, este tiene amplias formas e interpretaciones.  Hay un sin fin de vidas, esas de miles de jóvenes con una maleta llena de títulos despidiéndose en aeropuertos rumbo a un futuro gris, huyendo de uno muy negro. También está la vida de quien navega en una patera y una vez toca tierra es encerrado en un centro donde le prometen una estancia temporal mientras le dan una bolsa donde por las noches pueda defecar. La vida de los CIEs, también es una forma de vida, o quizás no... Está la vida que pende de un hilo como la del subsahariano que es disparado de nuevo por esos cuerpos de seguridad mientras intenta no ahogarse en un estrecho que se torna inmenso. Está la vida de la resignada, del eterno esclavo que aguanta la precarización de sus condiciones laborales,  a cambio de tener algo que le dicen que es un trabajo y por la que se siente agradecido. Son asombrosos los mecanismos de defensa del ser humano, y los esfuerzos psicológicos que ponemos en marcha con tal de rozar si quiera la sensación de sentirse un privilegiado, un afortunado, agradecido. Pero así es más fácil aguantar, soportar y sobre todo poder mirar a los ojos a los nuestros y a nosotros mismos sin sentirnos unas perfectas esclavas renunciando a nuestra verdadera llave para cambiar las cosas, el poder de la unión y la solidaridad.

Nos encantaría preguntarles a los pro vida su definición de vida, y cuáles de todas estas  vidas son las que dicen defender. Esos defensores de la paz, de la moralidad, de la no violencia. Esos que tiemblan cuando un antidisturbios es pateado y que cambian de canal, porque empieza gran hermano,  cuando oyen que una mujer inmigrante es violada por esos mismos cuerpos de seguridad del estado. Esos que dicen no atreverse a juzgar si matar una vida o no antes de nacer, son los que califican de efectividad el asesinato de 15 inmigrantes por intentar precisamente eso, vivir, aquellos que no se resignan a esa vida de esclavo. Parece que ya entendemos a que vida se refieren cuando dicen defenderla. Así pues son los mismos que llaman radical al que lanza piedras como forma de protesta y llama legalidad a una subida de la luz que condena a la miseria y el frío a las familias del estado español. Porque de nuevo la vida que defienden es la que está atada por cadenas, o si acaso, aquella que garantiza el no morir, pero... ¿vivir?

Volviendo al inicio, a mencionar ese derecho a ser madre, que suena tan hermoso, porque al fin y al cabo, las mujeres tenemos el poder de dar vida, un privilegio, debemos estar por ello agradecidas con la naturaleza y la sociedad por semejante poder y don concedido... Pero ¿por qué hablan de nuestro derecho, de nuestro poder, aquellos que eternamente nos han mirado desde arriba, nos han impedido cualquier ejercicio de poder? Por qué nos hablan de nuestros derechos desde los atriles de las mismas instituciones que enseñaron a nuestras abuelas, a nuestras madres y nos siguen enseñando a nosotras que somos inferiores, que somos las acompañantes, las segundas, aquellos que nos impidieron participar en la vida político y social,  que nos dijeron que estábamos más guapas calladas, aquellos que nos enseñaron a aguantar sin rechistar las palizas y violaciones de nuestros maridos, son los que hoy nos hablan de nuestro estupendo y magnífico poder, de defender nuestros derechos.  Es pues, el derecho a ser madre, el poder de hacer nacer, ¿el único que se nos han concedido?, ¿es solo aquello que no puede realizar el hombre por si solo lo que pretenden que interpretemos como nuestro único poder y derecho a defender y que nos sintamos poderosas solo a través de satisfacerlo? Por eso solo podemos sentirnos realizadas dando a luz hijos y siendo, no madres, no,  ¡perfectas puras y santas madres!  Es por tanto aquella mujer que no desea ser madre un monstruo social por no cumplir con esa máxima, y simplemente queda relegada a no poder aspirar a otro derecho, pues sino  demuestra su agradecimiento acatando sin dudar, es una desagradecida y egoísta, no puede, por tanto la mujer tener derecho a vivienda digna, a trabajo sin condiciones precarias, a ser en definitiva respetada en igualdad, si no desea ser madre, porque ese, y no otro es nuestro gran poder... nuestro gran derecho, nuestro gran privilegio. Demos gracias.

Cuantas veces las mujeres hemos escuchado discursos repitiendo hasta la saciedad lo hermoso de ser madre, que madre no hay más que una, que el amor de una madre es único, que todo tu mundo cambia cuando eres madre, y sin menospreciar ni mucho menos que esto sea así muchas veces, donde está el discurso de aquellas no se sienten tan realizadas, de aquellas que se ven solas y desbordadas en el cuidado de sus hijos, de aquellas que se enfrentan a picos de ansiedad y estrés que pueden desencadenar en trastornos debido a la exigencia no solo de ser madre, sino de ser una madre perfecta, una madre que si duda algún día sobre si fue una buena idea tener un hijo o no , será sancionada por la sociedad, señalada como un monstruo  y lo que es peor sentirá tal culpa y vergüenza por sentirse así que silenciará cualquier miedo, duda o ambivalencia al respecto, porque su amor ha de ser puro, perfecto y nunca fallar. No es igual siendo padre, no, hay más permisividad a la duda, a la ausencia,  al error. Al hombre se le toleran más dudas sobre su paternidad, aquella mujer que dice dudar sobre si desea ser madre o no es reprobada y ha de enfrentarse a preguntan inquisitorias y miradas como si fuera un bicho raro. Y si aún así te enfrentas a todo y decides que esa no sea tú máxima, ¿qué otra alternativa te ofrece la sociedad para sentir que existe un tejido o red que haga las funciones sociales y afectivas que hace una familia tradicional en el mundo capitalista individualista?

Pero no olvidemos, los pro vida, considerarán esto un discurso radical, feminazis, nos llamarán, aquellos que aún creen que el feminismo es lo contrario al machismo, como si todo siempre se tuviera que medir con la perspectiva masculina, como si la única vara de medir fuera el pene. Y es que el feminismo no puede ser lo contrario al machismo porque el feminismo si con algo es intolerante por encima de todo es con la opresión, no es culpa de las feministas que toda dominación y opresión haya sido ejercida siempre desde el patriarcado, desde los hombres, donde si querías jugar a ser poderosa tenías que ser igual de poderosa que ellos, ponerte los trajes del mismo color que ellos y decir las mismas palabras que ellos decían y sobre todo explotar a los mismos que ellos explotan. Bueno eso, o ser madre. Porque ese es el único poder que le conceden a la mujer, donde la mujer no tiene que ser igual de explotadora que el hombre, ese poder que en su mayoría supone en la mujer una retirada de la presencia en la calle, en las esferas político sociales representativas, y si se le ocurre seguir participando una vez es madre, nadie se preocupe,  que la sociedad le impone una losa de culpabilidad que arrastrará día a día. Cada día que se va a trabajar  y deja a sus hijos al cuidado de otro se va con el recordatorio de que no es la puñetera madre perfecta y no está a la altura de la Virgen María, pero lee una revista de super mujeres donde muchas compatibilizan todo eso con la mayor felicidad del mundo y encima con aspecto de modelos de pasarela, o famélicas enfermas, según quien mire... Y ella se pregunta porque ella se siente cansada, porque tiene tantas ojeras, y porque hoy no tiene tantas ganas de jugar con sus hijos, y se siente desdichada por no sentirse tan hermosa para el disfrute de su marido, sin pararse a pensar en que quizás la culpa no es suya y quién coloca la losa que ella carga a su espalda no es ella misma.
Esa mujer considera que es culpa suya porque no ve en el sistema que la rodea la opresión, porque ya se encargan todo su alrededor de repetir eso de que las mujeres son dominantes, manipuladoras, más peligrosas en el poder, y que son las jefas de las casa. Joder, tanto poder, tan listas, tan duras, tan "jefas" tan temidas que somos, no se como entonces nos han caído hostias a diestro y siniestro en todos los callejones de la historia. Causa daño escuchar este tipo de comentarios normalmente emitidos por hombres cuando siguen muriendo mujeres de la manera más cruel por sus parejas, cuando seguimos caminando por calles oscuras deprisa por miedo a que alguien considere que existimos para darles placer, para violarnos o para disfrutar de nuestros "encantos", porque es "encantador" que yo contonee mis caderas, y !uy! si soy muy poderosa cuando lo hago porque todos me miran con la boca abierta, eh aquí mim otro gran poder y manipulación que tengo... ese es el poder que nos conceden, esa es la manipulación y la dominación de la que hablan, la de deleitar con nuestro cuerpo... "Los hombres hacen lo que las mujeres quieren..." siempre y cuando estés buena, enseñes escote, pongas ojitos de tierna o lloriquees, es decir, seas lo que ellos quieren que seas, un animalito desvalido, desprotegido, y delicado, no vayan a sentirse menos hombres, menos poderosos, menos necesarios.  Que los hombres están a nuestros pies... por eso, este año han vuelto a morir 78 mujeres por violencia machista. Acaso quiere decir que las que mueren o son maltratadas es porque no ejercen "su poder" como  se espera que lo hagan. No  han contoneado sus caderas ni han lucido su escote todo lo bien que debían para "dominar" al hombre me supongo... Decir que las mujeres somos las que mandamos y que a la vez siga habiendo violaciones y hombres que se cuestionen sí estaban provocando demuestra la barbaridad del comentario y el cinismo del explotador para sentirse menos culpable...

 No cuentan estos hombres, no conciben mejor dicho, no les cabe en la cabeza, que las feministas no aspiramos ni de lejos a ostentar sus altares de poder, y esto también les jode, porque no decirlo, que aspiremos a sentarnos en sus tronos ni mucho menos rozarlos porque nos parecen una mierda sencillamente, aspiramos a un mundo muy lejos de sus tronos, y eso les vuelve a joder, que tenemos alternativas mejores a las suyas,  lo que queremos esn quemar sus tronos para que nunca más nadie vuelva a sentarse.  Porque es esa aspiración nuestra máxima, y sí, antes incluso que la de ser madres, dicho sin tapujos, que no es una por ello un monstruo, ni menos mujer ni menos humana, por aspirar a algo más que a ser madre. Por aspirar a encabezar luchas, por animar a la emancipación, a dar ejemplo en luchas laborales, a hacer sonar su voz en las asambleas, y a ser escuchada sin que primero sea escaneado su cuerpo.  

Las mujeres sabemos de que estamos hablando cuando decimos que queremos decidir sobre nuestro cuerpo y nuestra vida, sobre si queremos abortar o no, no somos seres idiotas, menos capaces de tomar decisiones con criterio y en consecuencia, sabemos que vida defendemos , la del oprimido y la oprimida, pero no solo sabemos defender, sino atacar, y por eso también sabemos atacar al que quiera decidir por nosotras, porque no somos animales desvalidos, no somos la representación de lo pacífico y delicado, porque el día que dejemos de asumir esto, de considerar que nuestro único poder es contonear las caderas o ser madre, y nos unamos, para reclamar lo que tantos siglos nos robaron y pisotearon, seremos una marea muy enfurecida e imparable. Porque el día que nos unamos desde nuestra condición de mujeres obreras, doblemente explotadas, los maridos obreros tras llegar a casa de sus fábricas no encontrarán en su hogar una esclava con la que desquitarse tras haber sido explotado por el patrón, sino que verá en nosotras una compañera doblemente concienciada y por ello más armada para la revolución.

Porque no existe ninguna forma de esclavitud peor que la que se ha ejercido y aún se ejerce sobre las mujeres, es la esclavitud que menos entiende de lugares, de sociedades, de culturas, de razas, de edades, es la eterna constante en cada parte del mundo y la historia, se han liberado muchos oprimidos en la historia, pero esta liberación nunca va en femenino al 100%, y cuando hay conatos de ello se oculta se silencia, no se habla de nosotras ni para decir que hemos muerto por la revolución. No se habla de ellas ni para devaluarlas, ni siquiera para atacarlas, sometidas eternamente al peor látigo de todos, la indiferencia y el silencio, eternamente sin voz.  Pero quizás tanto silencio, tanto hostigamiento no esconderá un terrible temor a nuestra libertad? Si alzamos la voz nos llaman monstruos, radicales, feminazis. ¿Monstruos? Pues si esto es así, enseñémosles bien los dientes, la saliva que gotee de nuestros colmillos será monstruosamente corrosiva para el patriarcado.